el 22@ y Jordi Badía

Barcelona es una ciudad que desde el punto de vista del marketing urbano, sabe, al menos desde 1992 reinventarse lanzando “nuevos productos”, que como toda empresa exitósa va reduciendo su calidad en cada nuevo invento, esto no debería de pasar necesariamente pero en la última década asistimos a la transformación progresiva de una bella ciudad en un parque temático donde ya no puedes patinar, ni skatear, ni ser escultura humana, ni encuentras una terraza abierta después de medianoche para tomar unas cañas en el asfixiante y húmedo calor del verano, y pagas tarifa alemana por un café con leche en el Borne, un barrio aledaño al barrio chino “gentryficado”, pero es que en Barcelona todo se va gentryficando, y en el caso del 22@ gheryficando.

El texto de “marketing” (planfleto web o impreso) de esta planificación (obviamente desarrollada con la nefasta comodidad del zoning, grandes áreas burdas de paños de colores que dicen basicamente actividad y altura,sumado a que europa tiene una cierta manía con controlar la altura, agruparla y retranquearla al punto que el que iba a ser un rascacielos magnifico, de los mas bellos que he visto en proyecto desarrollado por el equipo Soriano-Palacios a quedado en un edificio de 15 plantas en una amputación imperdonable) es un decálogo de buenas intenciones que, como siempre, no se cumplen.

Un espacio publico nefasto, una indefinición total a cota 0 (otro de los problemas de nuestro siglo) muerto, sin actividades por lo que caminas 100, o 200 metros pegado a un muro, o a un cristal, o en resumen a nada, la calle es sólo un lugar de transito, que los oficinistas tienen que usar porque van en transporte público (pero los arquitectos cool no), y entre toda esa locura, que cree que porque un edificio es raro es suficiente para ponerlo en el mapa (y es que si, lo es, es suficiente para ponerlo en el mapa (con lo que el único objetivo claro de la operación es su marketing urbano como foco atractor de inversiones lo cual está muy bien y es muy inteligente, el problema es el cómo)

En medio de esta locura, aparece la Fundación Vila Casas, un pequeño museo-pinacoteca, de arte contemporáneo -que además tiene una bonita selección de obras- realizada por el equipo liderado por Jordi Badía, como un hecho totalmente inesperado, sin cristales de colores, sin refugiarse en los revestimientos ni en los despieces forzados, sin exceso de ninguna especie, pero con una plaza sombreada, un cierto silencio y con mucha calma, esta pequeña obra nos muestra que en un contexto donde todo es espectáculo, y todos se pelean por ser mas diferentes que el otro,  que a veces lo “normal” acaba siendo lo único extraordinario.

Le Corbusier que dijo tantas cosas, dijo también que habia que mirar a los ingenieros norteamericanos, pero no a sus arquitectos, y probablemente todos coincidiremos que son los peores o al menos dentro del top 5 de los peores arquitectos del mundo, casi un siglo despues nos encontramos copiando su “refinamiento” y omitiendo a sus ingenieros (lo del refinamiento, es, un sarcasmo por si no se nota)

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