Arquitectura Sostenible: desde la Ilustración al Movimiento Moderno 03 (Japón)

 
 
 
 
 
 
 
 
 
Una imagen para entender la arquitectura japonesa es la caña de bambú que se dobla cuando azota el viento, pero que cuando cesa recupera su posición erguida.
 
 

La arquitectura japonesa como paradigma moderno y sostenible 

 Por Andrea Buchner Anfruns
Templo Ho-o-den, World’s Columbian Exposition en Chicago, 1893. 
 

La participación japonesa en las exposiciones universales a partir del siglo XIX contribuyó notablemente a la difusión de su arquitectura en Occidente. El Templo Ho-o-den en la Exposición Universal World’s Columbian Expositionen Chicago de 1893 marcó profundamente la concepción de espacios y la estética de arquitectos como Frank Lloyd Wright. Su interpretación particular del arte y la arquitectura tradicional japonesa le llevan a una síntesis creativa en sus propios principios de diseño orgánicos.

Pabellón Shokin-tei. Palacio de retiro imperial Katsura, Kioto, Japón. 1615-1662. 
 

Otros arquitectos influenciados por la geometría abstracta de las estancias domésticas son el vienés Adolf Loos que encuentra en la estética japonesa los espacios sin ornamento pero de exquisito refinamiento visual, y los seguidores del movimiento Arts and Crafts como Charles Rennie Mackintosh y William Morris.

Charles Rennie Mackintosh. Hall en The Hill House, Reino Unido. 1903
 

La apreciación del Palacio de retiro imperial Katsura por Bruno Taut en su viaje a Japón en 1934 como ejemplo sublime de la arquitectura japonesa por el uso eficaz de materiales y espacio así como su “belleza eterna” y sus declaraciones sobre aquel conjunto como paradigma de arquitectura moderna le valieron la fama mundial a la arquitectura japonesa.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Bruno Taut. Detalle de ventana plegable en Casa Hyûga de Atami, Japón. 1935.
 

Una gran diferencia conceptual entre Occidente y la cultura japonesa se deriva de sus actitudes opuestas ante la naturaleza: La arquitectura occidental se concibe como defensa frente a la naturaleza, mientras que la sociedad tradicional japonesa desarrolla un sentimiento de adaptación al medio ambiente y entiende su arquitectura como una respuesta hacia el entorno natural. Estas interpretaciones opuestas conllevan a conceptos contrarios de separaciones y sistemas constructivos.

Palacio de retiro imperial Katsura, Kioto, Japón. 1615-1662. 
 

Los muros en Occidente están concebidos como barreras defensivas, separando dos ambientes que se sienten como opuestos, mientras que la visión japonesa no comprende el exterior y el interior como dos entidades separadas. Entre el interior de la arquitectura y el exterior existe una relación  que no es percibida como confrontación.

Baranda o ‘engawa’.
 

Por lo tanto, la pared carece de su función defensiva y no es una barrera insalvable, sino que puede desplazarse para dejar paso a la directa comunicación de espacios. Así, la casa se prolonga por el jardín, y el jardín penetra en la casa. El espacio de transición entre el espacio interior y el exterior se articula en la baranda o engawa, que sirve de transición entre el espacio interior y el exterior, función que se expresa en un suelo de planchas de madera tosca: ni la suavidad interior, ni la tosquedad del exterior.

Columna asimétrica en el pabellón Gepparō. Palacio de retiro imperial Katsura, Kioto, Japón. 1615-1662.
 

La elección de la madera frente a la piedra se debe a su flexibilidad a la hora de componer espacios y estructuras cuyos elementos constructivos frecuentemente no están fuertemente fijados, permitiendo una oscilación, y, en caso de desplazamiento, minimizar el daño de las estructuras. La ligereza del material permite preparar todos los elementos constructivos en taller, y levantar las columnas y la estructura del tejado en un día con pocos trabajadores. Además la madera responde adecuadamente a las necesidades de absorber la humedad y no resulta tan fría en invierno como la piedra.

La tipología residencial japonesa es una sabia respuesta a los rigores del verano porque permite la circulación del aire y crear espacios de sombra. Consecuentemente las paredes de las residencias son movibles, los tejados muy salientes, y la construcción se eleva sobre el suelo para evitar humedades de las lluvias del monzón.

© 2011 Andrea Buchner Anfruns

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