un post personal

Dicen que los amigos se cuentan con los dedos de una mano. Como vivo en un país que no es el mío tengo la fortuna de contar con dedos de dos manos.

El 80% de mis amigos de mi mano chilena, estamos enfermos. Tenemos entre 39 y 49 años. Todos hemos empeorado al momento de comenzar nuestros tratamientos farmacológicos. Mis amigos, más valientes que yo, los han dejado, decidiendo ver qué pasa si en vez de medicarse cambian de estilo de vida.

Una de las cosas que a mí me han llamado la atención, es la enorme cantidad de gente diagnosticada de “depresión bipolar”, que teóricamente afectaría a 2 de mis amigos. Uno nunca se trató, decidió leer sobre la enfermedad y sus fases, y tiene la cabeza fría de decir…ah ya, estoy lunático perdido esta semana. Otro se medicó por más de 15 años, dejándose una fortuna en siquiatra y medicinas, que dejaron a mi amigo convertido en un zombi, que no molesta a nadie, no, simplemente no ha existido.  Ha decidido dejar la medicación y aceptarse con su enfermedad, mi otro amigo afectado nunca medicado me decía que el que acaba de dejar la medicación tiene todas las fases de una persona que se desintoxica por drogas duras, temblores en las manos, tics nerviosos y etc., pero que está feliz de ver que vuelve a ser un ser humano.

estamos todos loooooocooos
estamos todos loooooocooos

Anoche me preguntaba ¿Qué es una depresión bipolar? Mirando los síntomas, no es más que lo que el ser humano ha vivido toda la historia de la humanidad antes de que la farmacéutica inventara la píldora anuladora (el soma de Huxley en Brave New World) y seguidamente, se produjera el diagnostico para aquellas cosas que la píldora en cuestión ataca.

¿Por qué nos preocupan tanto las emociones? Esto es particularmente exagerado en Santiago de Chile, donde hasta hace nada la fluoxetina (prozac) se vendía sin receta, a 2€, y lo consumía un elevadísimo porcentaje de la población.

A los chilenos nos asustan las emociones, los afectos, los consideramos mala educación. Mandar a la mierda a alguien es un tabú social más grande que salir a la calle en bolas, y la posibilidad de seguir amigos/pareja o lo que sea, después de una buena y aliviadora mandada al cuerno, es una misión prácticamente imposible. Los chilenos no nos comunicamos, la mayoría de las cosas no se hablan, y si alguien te cuenta algo, la única opción posible es estar de acuerdo, porque como discrepes –y más en público- es motivo de drama existencial total. No decimos que estamos tristes, decimos que estamos deprimidos.

Volviendo al tema. Aquí en Madrid conseguir un fármaco ansiolítico o tal es súper fácil, vas al ambulatorio y dices que te sientes angustiado y no sabes por qué, y chan, receta para una benzodiacepina, sin derivarte a un servicio sicológico ni de siquiatría.

Yo fui a una medico con un problema rutinario, normal, y el tratamiento farmacológico me significó estar en riesgo vital durante más de un año, y pasar de un problema rutinario a un tremendo problema. Mis amigos con enfermedades realmente serias, han empeorado con la medicación, haciendo mutar las enfermedades y todos nosotros tomamos muchos fármacos que complementan problemas producidos por las medicinas. Bueno, yo que no me atrevo a dejarlas, porque el tiempo, los síntomas, etc.

Sentimos que (somos todos arquitectos) somos cobayas de las farmacéuticas. Que “el buen doctor” ha desaparecido en pro de un técnico especializado que conoce un catálogo de fármacos que responden a tipologías sintomáticas. Que la función de los médicos, de ser una suerte de chamanes de la tribu, sanadores, conocedores no sólo de anatomía sino de la naturaleza humana ya no existe, ¿para qué conocer un ojo si una maquina súper láser mide tus problemas?

¿Cuántos de vosotros tenéis el teléfono del especialista que os trata? ¿Está disponible para vosotros las 24 horas?, o sólo lo puedes llamar a la consulta?, generalmente un gabinete medico u hospital que no te permite hablar directamente con él.

Tardé mucho con dar con la medico que me devolvió la vida que la primera medico me quitó, dándome el diagnostico de forma brutal, sin empatía alguna, produciéndome una enorme tristeza de la que me ha costado mucho salir, e inundándome de medicinas que mi cuerpo rechazó y reaccionó de forma opuesta. Mi nueva medico –vulnerando los códigos económicos, me ha dado su email. Es una médico de urgencias de una clínica privada, a la que llegué con riesgo de fallo multiorganico, pero no tengo su teléfono. Va contra la política de los médicos hoy, no sea que los pacientes, que somos muy impacientes, los molestemos con nuestras tonterías.

El día que mi cuerpo colapsó,  por la mañana había visitado un médico en mi barrio (Salamanca, una zona acomodada de Madrid) en una consulta impresionante que parecía diseñada por mí, con súper muebles de diseño, que no fue capaz de ver mi cuerpo, como dijo la médico de urgencias, ¿no te vio el color?, ¿Qué color? Pregunté yo.  Lo curioso es que quien me dijo que me fuera a urgencias fue una técnico de una nutricionista que visité luego del otro médico, en la calle de al lado, porque tenía anemia y quería una dieta para combatirla, la medico me respondió, no tienes sobrepeso, pero estarías estupenda con 7 kilos menos, cuando se pase la anemia vienes y te pongo a dieta, ya pero es que he venido para que me diga que comer para no tener anemia. Que yo me gusto mucho con esos 7 kilos.

Los enfermos no necesitamos tecnología, ni medicamentos de última generación. Necesitamos que nuestro médico nos escuche, porque lo que más nos sirve es hablar de la enfermedad que padecemos, la enfermedad cansa, agota, te quita tu vida, cambia tus prioridades, es aburrida, se apodera de todo, inunda todo, mientras tanto te auto convences de lo fuerte que eres saliendo adelante en una adversidad a la que la principal ayuda no es un botiquín, sino disponer del tiempo que la sociedad te impide tener para vivir a una velocidad humana, aunque a veces estas tan tan cansada que realmente lo de hacer planes más allá de recuperarte es una presión mas. En el camino, te comes todo lo que has trabajado.

Uno de mis amigos enfermos me dice, es que fui 2 veces al despacho la semana pasada y visita de obra y etc., y he acabado pésimo, sintiéndome mal… ¿puedes parar 2 semanas? Le digo, ¡Me vuelvo loco! Responde.

¿Por qué?, por qué te vuelves loco 2 semanas sin trabajar ¿se acaba el mundo?, ¿Quién dice que tenemos que producir todo el día, todos los días, todo el tiempo?

Estaría bueno lograr un sistema que nos permita vivir en las capitales urbanas con todo lo bueno que ofrecen, gente, cafés, museos, teatros, etc, con el ritmo y el tiempo propio del ser humano, que no es rápido. ¿Cuánto tiempo tardas en decidir qué hacer en cualquier situación?, ¿podemos seguir resistiendo la exigencia de inmediatez?  Ser mas productivos, ¿para qué, para quien? ¿Para Bruselas?, que es más productivo, vender 3 mercedes diarios como hace 10 años, o tener tiempo para desayunar con una persona querida. ¿se retrasa de verdad tanto un proyecto, porque paraste 2 horas en vez de ½ y viste a alguien a quien no veías hace tiempo? O avanzas mucho más rápido cuando vuelves feliz. La felicidad es productiva, la alegría es salud.

Basta de farmacéuticas, basta de ser cobayas. Necesitamos sanadores, médicos que sanen (sin pasarse que hay mucho loco que se atribuye poderes) pero busca tú médico. Uno que sepa entender lo que el diagnostico que te da puede significar para ti, y para tus esperanzas. Eso es sanar, no decirte brutalmente cosas que no se deben decir, porque la sanación viene de la fuerza que saquemos de nuestro interior, nuestras ganas de vivir. Un mal medico te las puede quitar. Y de eso cuesta mucho salir.

NO A LAS FARMACEUTICAS.

Y a los malos médicos, demandarlos.

nos vemos aqui, google dice que esto es el paraiso. -a mi la arena me parece el infierno, asi es que como sea, nos vemos aqui-
nos vemos aquí, google dice que esto es el paraíso. -a mi la arena me parece el infierno, así es que como sea, nos vemos aquí-

Y si mis amigos se van, ¿para que quiero seguir yo?.

No me dejen.

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4 comentarios en “un post personal

  1. Bravo por ti, por sincerarte de este modo de forma pública.
    Este es un tema que se ve ya desde la escuela, cuando nos vemos sometidas a tanta presión que la gente enferma. Y qué os voy a contar cuando estás con el PFC. Con el título ya en mano, empeora. Hay que cuidarse, a una misma y a los que te rodean.
    Respecto a la solución “mágica” de los fármacos estoy totalmente de acuerdo contigo. una amiga bipolar colapsó hace unos meses por la cantidad de medicación, su cuerpo se reveló. Ahora, continúan dándola medicación, es como un zombi, no está, no ha vuelto todavía ¿por cumplir un trabajo? ¿por cumplir con el rol social?
    Cuidémonos.

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    1. hola Emma, lo que dices es cierto, en la PUC, de Chile, la mayoría de los estudiantes acaban el fin de carrera con unas anfetaminas llamadas “católicas” porque tienen los colores de la universidad. En mi época un amigo acabó en el hospital por sobredosis.
      yo por suerte siempre he sido una alumna normalita, y no lo necesité.
      Ayer, una agencia de comunicaciones me pidió que difundiera una expo en plan mediático de proyectos de una universidad catalana. NO!…me niego a llevar a los estudiantes por la vía del resultado mediático. Los estudiantes deben preocuparse de aprender, no de ser super estrellas sin saber sonarse los mocos.
      tu amiga, no se que lleva a diagnosticar el bipolar, ni menos a dar esas medicinas, que son para que la persona no moleste a los demás con sus cambios de humor…¿pero nadie cambia de humor?. Está triste, vamos a quitárselo rápido. Pero es que el cuerpo se repara…yo que se, lo que nos falta es paciencia con los otros para aceptarlos imperfectos. Finalmente no se que produzca mas angustia al resto, si verla oscilar, pero ser persona, o tener un encefalograma plano, muerta en vida. no se, creo que esas medicinas son demasiado arriesgadas por lo que se ve…que mal Emma.

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  2. Hola; A veces, leo tus artículos y también algunos de los libros que recomiendas. Nunca he sentido la necesidad de hablarte pero tu escrito de hoy me ha conmovido. Yo también soy arquitecto, y soy mayor, y hace unos años pasé por una situación delicada con mi cuerpo. Estuve varios meses pasándolo mal de médico en médico hasta que, por casualidad, me encontré con un médico amigo que finalmente fue el que me trató. Me explicó en qué consistía mi enfermedad y cuáles serían los efectos que la medicación, tanto los favorables como los que no. Le pregunté si yo podía administrar la medicación en función de como me fuera sintiendo a lo que me respondió que sí. Comencé la medicación y en cuanto empecé a sentirme mejor urdí un plan de retirada progresiva de la misma. Dos años después logré dejar la medicación y así llevo otros dos. Lo he complementado con una alimentación sana pero gustosa y con mucho ejercicio, todo el que puedo, caminar y pilates. Me siento estupendamente física y mentalmente. Sé que ciertas enfermedades son mucho más graves que otras y que mi experiencia no es directamente aplicable a otras personas. Pero sí sé que cada uno de nosotros conoce su cuerpo mejor que nadie y que los médicos están para ayudarnos a encontrar el camino de la sanación. Te deseo mucha suerte.

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    1. Hola Ramón.
      Gracias por leernos de vez en cuando, y sobre todo, por leer alguno de los libros!…tenemos varios pendientes.
      Me alegro y envidio, que hayas encontrado el medico capaz de explicarte, un medico que te dedique tiempo para que tu sepas como funcionan las cosas. Esas respuestas ayudan un monton.
      Lo cierto es que ayer pensaba que no es muy dificil a cuando alguien te encarga un proyecto, especialmente una casa. Es bastante parecido. El anteproyecto seria como los farmacos, hala, coja este farmaco que le aseguro que funciona, mientras, la familia se queda con ganas de contarnos la casa, el hogar que quiere, y con las ganas de saber que haremos, porque el plano no lo entiende…mas o menos…eso.

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