Libro: Vida y Obra de Le Corbusier, Jean-Louis Cohen. Ed. GG (pura belleza)

Este libro se publicó originalmente en el 2005, y según su autor, Jean-Louis Cohen, no ha sufrido mas que pequeñas correcciones de datos, o errores de redacción. Sinceramente, dudo que requiriese demasiados cambios. Esta JOYA de libro, es principalmente un enorme, fundamental, e inédito archivo fotográfico, emotivo, incluso personal, pero por sobre todo, inesperado.

Su estructura me recuerda la fantástica columna de Javier Marías en “El País”, donde una foto es leída y por lo tanto narrada por el escritor. Algo así es este libro. La elección de la portada es mas que exacta, este libro es un intento por desnudar a Jeanneret, más allá de Le Corbusier.

“Los hombres hablan de la mujer
en sus poemas y sus músicas”

El título de la introducción “El planeta como obra” nos da una idea de la dimensión del archivo por un lado, y de la figura de Le Corbusier, que es presentado con las palabras dedicadas por Fenand Léger “Ví venir hacia mí, muy tieso, un extraordinario objeto móvil bajo un bombín, con sus gafas y su gabán negro. El objeto iba en bicicleta, obedeciendo escrupulosamente a las leyes de la perspectiva”.

Esta descripción inicial, nos sitúa en la lectura de las imágenes, y del título de la introducción: la visión y revisión de un hombre cuyo principal proyecto, su principal construcción es su persona.

Luego se acompaña de uno de los miles de datos anecdóticos que contiene el libro: Le Corbusier casi no utilizó la bicicleta, al menos no para recorrer el mundo, para lo cual prefirió todo tipo de medios “en tren, en barcon en zepelín o en avión para lanzar eslóganes e ideas trazar ciudades y construir edificios.” Expone la percepción que los otros tenían del hombre, en una lapidaria descripción dedicada por Marcel Duchamp “un caso de menopausia masculina precoz sublimada en coito mental.” Es cierto, todos los humanos no podemos dejar de pensar que Le Corbusier no pudo ser humano, no pudo expresar humanidad.

Sin embargo, en el libro abundan fotografías de almuerzos con amigos, o situaciones de verano. Y si uno piensa en dónde y cómo murió, en la playa, en su casa de verano, en mi opinión esa sentencia puede ser completamente errónea, y quizás simplemente, un hombre (o mujer, persona) consciente de sí mismo, guiado por el espíritu de la época, con una estructura mental no animista ni determinista, se construyó a si mismo con la precisión y cuidado con la que se produce un reloj (suizo).

Así se introduce en la infancia del arquitecto en el primer capítulo “En el país de los relojes”, describiendo el lugar donde nace y crece, sus primeras influencias y talentos, su vida familiar, todo acompañando (los textos acompañan al archivo y no al revés) un impresionante álbum de fotos familiares, unos padres jóvenes o incluso muy jóvenes, que se ven afectivamente modernos, táctiles y cariñosos, y siempre, omnipresente, su hermano. Lo que hace pensar que Le Corbusier y su hermano son casi una misma persona. Una relación que nunca se cortó y que ciertamente ha debido ser clave para el éxito profesional del maestro suizo.

El segundo capitulo “El Grand Tour de Occidente a Oriente, escudriña los cinco años de peregrinaje de Le Corbusier antes de convertirse en arquitecto. Este libro, quiero recalcar esto, es un libro sobre el hombre, y a lo largo de estos dos primeros capítulos aparecen las personas que fueron determinantes como guía, sus primeros pasos, el profesor del colegio que lo influye, el joven aparentemente tímido pero que es bueno para las fiestas, o al menos así parece en algunas fotos, donde no teme disfrazarse de faquir. Y cuando una vez convertido en arquitecto, decide ir, cómo indica el capítulo 3 “A la conquista de Paris: De Jeanneret a Le Corbusier”.

Siempre me ha llamado la atención que se cambiara el nombre. Que como un poeta o escritor, utilizara un seudonimo, como si la obra edificada fuese un alter ego. He pensado que quizás en esto hay una clave feroz (lo pienso ahora que como arquitecto me acerco a mi edad teóricamente madura), poder tomar una distancia emocional con la obra edificada. Esto que parece trivial, es realmente determinante para ser arquitecto. El proyecto desarrollado por ese otro que no eres tu (no del todo), duele menos, y por lo tanto se puede escrutar. Este capitulo explora sus conexiones, mecenas y facilitadores. Siempre todo, desde el punto de vista de sus relaciones humanas.

El cuarto capitulo, “El experto volador y las grandes obras” muestra a un hombre visionario, que no conoce fronteras, con una sed insaciable de dejar una señal de su paso por la vida en donde iba. Pero también un viajero práctico. Sin duda la primera figura del arquitecto global, que nos puede resultar hoy en época globalizada, pero nuevamente el enfoque de Cohen, nos lleva mas por el lado de un hombre nómada, cuya necesidad de ver el mundo lo lleva a crear modelos para este, casi como una forma de entenderlo y capturarlo. Y por supuesto el exquisito archivo fotográfico.

El Quinto capítulo “Una segunda juventud” nos lleva a un Le Corbusier de 50 años, que no recibía ningún encargo en Francia en 2 años, desde 1935, unicamente con el Ministerio de Educación de Rio de Janeiro en obra, una situación que se prolongó unos 9 años, hasta el encargo en 1946 de la Unidad de Habitación de Marsella. En esta etapa Le Corbusier se concentra en la pintura, en estudios que decantarán en “El Modulor”, esculturas y otros estudios como por ejemplo “El poema del ángulo recto” -sin ir mas lejos-. Un renacer creativo que nos llevará al Le Corbusier mas radical, ya maduro, en sus obras posteriores a 1950, reflejado en el capitulo 6 “Pasajes a la India” dónde todo este proceso previo, es llevado a su máxima expresión, en la creación y construcción de esta capital cívica, en la totalidad de su trazado y diseño de todos sus edificios (incluyendo una pieza que es de mis favoritas, llamada “la torre de sombras” del que existe un breve pero interesante estudio homónimo de Francesco Venezia que recomiendo mucho, aunque creo que sólo está en italiano). La fase india, merece un cápitulo de por sí, que rompe un poco la narración cronológica de esta biografía visual, que corre simultaneamente con el capitulo siete “La fábrica y el archipiélago” el cual refleja esta distancia de la arquitectura, que Jeanneret necesita para existir como Le Corbusier. La importancia de la pintura, su liberación de la gestión cotidiana del estudio, y con una lista de frases demoledoras que hoy en día acabarían con Le Corbusier en tribunales:

Estudiantes en práctica no pagados (bueno, la verdad es que los estudiantes generan mas costos que beneficios a un estudio consolidado, siendo sincera, y son costos altos) bombardeados con frases (que comparto plenamente) del tipo “La exactitud es una necesidad. ¿Cómo quiere Ud. dar órdenes, cómo quiere Ud. ser jefe, si nisiquiera tiene Ud. noción del tiempo, sentido de la precisión? ¡Incluso para divertirse hay que ser puntual!

Mientras, en su extremo opuesto está su vida privada, navegando en el mar revuelto de su domesticidad caótica de coleccionista  y acumulador desordenado. “Vivo en mi archipielago, mi mar son treinta años de acumulaciones vinculadas de forma diversa a las actividades intelectuales o manuales. En el suelo, aquí y allá, agrupaciones de objetos, artefactos, libros, textos, dibujos. ¡Así son mis islotes!. Jeanneret era un chico desordenado, finalmente. (Conozco muy pocas casas de artistas que sean ordenadas, debo decir) En esta etapa, Jeanneret, se deja fotografiar desnudo, produce sus obras maestras de Arquitectura religiosa La Tourette vivido con recogimiento, y la sorprendente Ronchamp.

El último capítulo “Regresos y Remordimientos” nos transmite al final de la vida de un hombre, sostenida por dos mujeres, su madre y su mujer. Ambas mueren casi al mismo tiempo, primero su mujer, y al poco tiempo su madre. Comienza a rechazar encargos, y su bestialidad se revela como una simulación. “Me atribuyen facultades ocultas, matemáticas, números, etc. Soy un burro, pero un burro capacitado para sentir. Soy un burro dotado del instinto de la proporción. Soy y persisto como un ser visual impenitente.” Sus notas acumuladas desde 1950 nunca acaban de convertirse en un libro, a su hermano le dice “Sólo los que juegan son tipos serios” el juego para Le Corbusier-Jeanneret consistía en la regla. Sin reglas no hay juego. Sin juego, no hay razón para existir.

Un libro-fetiche, extraordinario. Un deleite. Imprescindible.

  • Vida y Obra de LE CORBUSIER
  • Jean-Louis Cohen
  • 17 x 24 cm
    240 páginas
    Español
    ISBN/EAN: 9788425230981
    Cartoné
    2018
  • pvp: 35€ en Europa, y puedes comprarlo para todo el mundo desde la web de la editorial 

Una maravilla.

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